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El continente de Mu, era una inmensa llanura de clima tropical
y vegetación exuberante. Este paraíso terrenal era
fértil y propicio para todos los cultivos. Ciudades importantes
agrupaban a una población numerosa, calculada en más
de 60 millones de personas en el momento de la catástrofe.
Mu era el centro de la civilización, y los demás focos
de la cultura eran sólo sus colonias.
Los habitantes se dividían en diez tribus y se dedicaban
a la agricultura, a la navegación y al comercio. Todos adoraban
al sol y creían en la inmortalidad del alma. El pueblo dominante
era el de raza blanca, con ojos y cabellos oscuros.
la hegemonía que ejercía sobre los demás pueblos
y razas era de las más benévolas; el salvajismo y
la violencia no existían enese edén encantador.
Este magnifico conjunto, que albergó la civilización
más antigua que conoció nuestro planeta, fue borrado
de la faz de la tierra por una serie de violentísimas erupciones
volcánicas y de maremotos gigantescos, que transformaron
ese vasto continente en la miríada de archipiélagos
que se encuentran en la actualidad en el centro del océano
Pacífico. Caminos, Ciudades y templos se hundieron en las
profundidades, y los escasos supervivientes, incapaces de seguir
viviendo de forma casi totalmente salvaje, reducidos al canibalismo,
desaparecieron rápidamente, sin poder adaptarse a las nuevas
condiciones de vida, demaciado diferentes de las que les había
asegurado durante milenios una civilización superior.
Así, el recuerdo del continente desaparecido se perdió
progresivamente y sólo algunas poblacines que habían
mantenido contacto con él pudieron transmitir, por medio
de sectas de iniciados,como la de los Naacal, las tradiciones y
el lenguaje de la civilización de Mu. Numerosos textos, sobre
todo en el área de la civilización mexicana precolombina,
parecen confirmar esta terrible leyenda.
Sin embargo, no hay que perder de vista que siempre es posible dar
una interpretación puramente simbólica de la descripción
de una catàstrofe.
Uno de los especialistas de la Atlántida, el coronel A. Braghine,
formuló una hipótesis, según la cual un cuerpo
celeste se estrelló contra la tierra en el Pacífico
hace alrededor de 12000 años, lo que habría provocado
un considerable cataclismo geológico, que podría incluso
haber causado el desplazamiento del eje de nuestro planeta.
Se conoce la importancia de las caídas de meteoritos acaecidas
en tiempos históricos: el cráter de Coon Butte, en
Arizona, tiene 1200 metros de diámetro, es un ejemplo de
esto.
En la medida en que numerosas fuentes antiguas, sobre todo egipcias
y precolombinas, evocan un cataclismo de este tipo, podemos imaginar
que realmente se produjo, y que acarreó la desaparición
de Mu, patria original de la humanidad.
El cinturón de fuego que rodea el Pacífico, no sería,
entonces, más que la gigantesca cicatríz que marca
los límites de esa formidable colisión producida hace
doce mil años.
El debate sigue abierto en cuanto a la realidad histórica
de Mu; si la admitimos, es fácil imaginar el número
de preguntas para las que habrá que hallar una respuesta.
Los elementos disponibles son menos numerosos que los que apoyan
la realidad de la Atlántida. Pero, sin duda, queda mucho
por descubrir en los archipiélagos de los mares del sur...
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